| MADRE
SOFIA BUNGE
La congregación da a publicidad
algunos matices de su vida con el fin de presentarlos
a sus relaciones. Condensar brevemente su meritorio
peregrinar por este mundo es muy difícil,
pero considerando que son datos que les interesan
a todos, se publica para el acopio personal y
admiración de cuantos lean estas líneas.
La Madre Sofía Bunge nació en Buenos
Aires el 10 de julio de 1842. Su partida de bautismo
está en trámite de búsqueda,
quizá no se conserve a raíz del
incendio del Archivo de la Iglesia Catedral de
Bs. As. Perteneció a una familia que supo
educar cristianamente a sus hijos. Su padre era
Don Carlos Augusto Bunge, cuya familia acostumbraba
a firmar von Bunge; nació en Remscheid,
Alemania; su rama genealógica según
consta en el libro de las familias burguesas,
se distinguía por un escudo de armas en
rojo y plata concedido a sus ascendientes por
Francisco José I en el año 1748
en Viena.
Fue Cónsul General encargado de negocios
prusianos en Bs. As. y a su muerte era Cónsul
de los Países Bajos, a su vez era el fundador
de la firma Bunge Bornefeld y Cía en el
año 1830.
Su madre fue doña María Genara de
la Peña de Lezica de Bunge, Argentina,
emparentada con la más alta esfera social.
La Madre Sofía era sobrina nieta de don
Juan de Lezica y Torrezuri, fundador de tres grandes
templos en el Alto Perú. Su hermano Emilio
Bunge fundó un pueblo en el partido de
Gral. Villegas, que hoy lleva su nombre.
Su espíritu se formó por la sabia
y prudente dirección de Monseñor
Antonio Rasore, Cura Párroco de la Merced
de Bs. Aires. Siempre mostró gran voluntad,
fue de carácter diamantino; cuando hablaba,
su rostro resplandecía hermoso. Sus ojos
grises de mirar apacible, reflejaban su belleza
interior.
Su paso era sereno, pausado y de porte recogido.
Ejecutaba música religiosa, se conservó
siempre piadosa, todo su proceder trasuntaba majestad,
tenía gran rectitud y era sensible al dolor
ajeno. Su vocación se perfiló desde
la lozanía de sus años, en efecto,
Sofía manifestó a su madre la decisión
de consagrarse a Dios, pero después de
un corto plazo, falleció la madre.
Dios puso en su camino un alma que velara por
ella: su abuela, a cuyo lado encontró protección.
Llenó de méritos su vida consagrándose
a ser catequista de las Hijas de María
de la Merced, cuya presidencia llegó a
ocupar.
El 1º de junio de 1882 se concertó
una reunión de señoras citadas por
Monseñor Rasore en cuya mente bullía
una idea que se hizo realidad, era, la fundación
de la Sociedad Protectora de los Pobres de la
Parroquia y transcurrido poco tiempo después
se creó un colegio parroquial gratuito
para niñas.
En
la citada fecha, Sofía ingresó como
miembro de la Sociedad, en cuya Comisión
Directiva, desempeñó el cargo de
Secretaria hasta fines de 1888.
El 3 de mayo de 1887, Monseñor Rasore inaugura
el Colegio Parroquial para Niñas, la Comisión
Directiva trató en varias reuniones sobre
los inconvenientes que traía aparejado
el Colegio y decidieron buscar una Congregación
Religiosa que lo regenteara.
Los resultados fueron negativos., las Congregaciones
no podían hacerse cargo del Colegio. Ante
estas negativas la secretaria, señorita
Sofía Bunge, movida en lo más íntimo
de su corazón, comenzó a oír
cada vez con más claridad el llamamiento
Divino, se sentía impulsada a fundar una
Congregación que se encargara de dirigir
esa casa.
Se agitaba en su corazón, esa necesidad
de fundar escuelas, propósito que también
movía a gobernantes y a la Iglesia, pues
era impostergable la necesidad de formar las nuevas
generaciones argentinas, ese fue el sello de su
obra.
Su alma expectante vislumbraba los primeros destellos
de un día resplandeciente, y como las flores
se abren al calor del sol, abrió su alma
a la voluntad de Dios.
Este encuentro con el Señor fue decisivo,
ella cumpliría su misión: fundar
el Instituto Religioso de Hermanas Mercedarias.
En la plenitud del goce, alumbraba su conciencia
por la luz divina, conoció todo el valor
que impone la total renuncia a las cosas más
caras de este mundo.
No descuidaba la práctica de las obras
de caridad material y espiritual recorriendo a
numerosos necesitados, se compadecía de
ellos y perseveraba en la caridad hasta olvidarse
de la misma, visitaba conventillos y miles de
niños le deben su educación.
Hasta pocos años antes de su muerte en
el año 1927, frecuentemente llegaba hasta
andurriales que santificaba con su apostolado.
PERSONALIDAD
DE NUESTRA MADRE
Durante 38 años en el cargo de
Superiora General nunca perdió de vista
el haber fundado la Congregación para dar
Gloria a Dios, para la santificación de
sus Hijas y a la vez conducir por la senda del
bien a la niñez y a la juventud. En el
corazón de la Madre anidó siempre
la fuerza de sus decisiones; verdaderamente tenía
ante sus ojos la educación, por eso pensó,
planeó y determinó levantar diversas
casas mediante todas sus fuerzas, tarea ardua
y difícil para cuya ejecución trabajó
hasta agotarse en búsqueda de medios espirituales
y materiales. Tomó el Evangelio como meta
para sus Hijas.
El día 30 de agosto de 1927, Dios la llamó
a su seno, presentándose como fundadora,
como operaria de la Viña del Señor
que vivió realizando e inculcando su ideal
de santidad y educación.
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